Al descubierto

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

20 abril 2002

Una de las cosas que está poniendo en claro el programa de Antena 3 "Al descubierto" es que España sigue siendo país de pícaros, tramposos y caraduras; eso que el pueblo acostumbra a denominar, sin rebuscar palabras, sinvergüenzas. El mérito no es descubrir lo que ya sabíamos sino pillarlos con las manos en el truco, dejar que se presenten a la audiencia como son. Hay que agradecer a este periodismo de investigación que señale con el dedo quién es quién de los que viven a costa de una de las debilidades nacionales más arraigadas: la superstición.

La superstición vende, la superstición tiene mercado. En unas semanas hemos tenido oportunidad de indignarnos verificando cómo acumulan negocio ciertos curanderos, videntes y hasta organizadores de milagros y apariciones de la Virgen. Por esta vez los impresentables no son invitados para dar su espectáculo en debates y programas de telebasura. La camarita secreta de los reporteros les busca en la consumación de su engaño, en la tomadura de pelo a sus clientes; y a partir de ahí que cada palo aguante su vela. Penoso fue ver a Paco Porras dándole a la labia sin intuir la grave enfermedad de su paciente, diagnosticada previamente por la medicina. Penoso era el montaje de efectos especiales que unas iluminadas preparaban para escenificar la aparición de la Virgen. Penoso estuvo el agorero Octavio Aceves, el mismo que hace años se puso nerviosísimo en Canal 9 cuando el entonces emergente padre Apeles pasó revisión a varias predicciones suyas en las que había fallado. Mintió a la reportera-cebo, asegurándole que seleccionaba y preparaba personalmente a sus colaboradores de la línea telefónica 906, sin sospechar que esa misma reportera ya había trabajado para él, contratada por otra empresa y sin haberle visto previamente. Ni siquiera adivinó que le estaba investigando. O sea, que vaya birria de adivino.