Sin sostén

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

17 abril 2002

Si cae en gracia a las féminas, un nuevo invento amenaza con acabar con el sostén. Conviene hacer constar que aunque el sujetador moderno, sustituto del corsé opresor, es invención de la centuria pasada —¡bendito siglo veinte!—, las romanas clásicas de alta sociedad ya se beneficiaban de una especie de redecilla que, en latina prosa, se conocía por "fascia pectoralis" o algo así. Los historiadores modernos que más imaginación le han puesto al cuadro aseguran que dejaban asomar sus pezones por un hueco de la redecilla para luego dorarlos, platearlos o pintárselos de carmín. Es de cajón que todos estos detalles subían el ánimo de los legionarios romanos, que partían desenfrenados a conquistar provincias y a hacer Imperio.

Pues bien, toda esa evocación histórica se nos puede caer de buenas a primeras. Descubro que ya se vende un "spray" para realzar la gloria de los pechos contemporáneos. Según el folleto publicitario que ha caído en mis manos, el prodigioso "spray" promete un busto bien tonificado y es fácil de manejar. "Una simple vaporización —leo— difunde sobre la piel una lluvia de ricas microgotitas. Cargadas de proteínas vegetales, al secarse forman una malla elástica suave e imperceptible que genera un efecto 'lifting' sobre los senos. Después de varias aplicaciones, el busto recupera una firmeza gracias al efecto del complejo gluco-amino-fosfórico". Como se verá, el invento es de lo más revolucionario. Más incluso que las revoluciones francesa y bolchevique, y más —posiblemente— que la cubana de Fidel y el Che. El único reproche a la publicidad es que no aclara si al agarrarse se corre el riesgo de quedar pegado. Pero en fin, nada es perfecto. Y todo sea por el advenimiento de una nueva era que se nos echa encima: la era del erotismo gluco-amino-fosfórico.