Me estremeció hace días un titular de
primera página: "La mitad de los alumnos de la
Universidad de Alicante tiene el semen alterado". La
noticia prometía enjundia y busqué con precipitación
la página a la que remitía. Lo primero que me pregunté
al ir pasando hojas es si se lo habían dicho ya al
socialista Zapatero para que vierta sus oportunas
acusaciones a Pilar del Castillo, la ministra de
lo universitario. Mi segunda duda era si lo sabía Javier
Arenas, el secretario del pepé, para que no tardara
en echar mano de la cronología y demostrara que los
alumnos investigados entraron en pubertad cuando
gobernaba el pesoe. Lo tercero que me preguntaba,
mientras seguía buscando, era más preocupante. ¿Cómo
que sólo tiene el semen alterado la mitad? Lo natural,
si se repasa el proceso de su creación y expulsión, es
concluir que todos lo tenemos alterado, pues no es
posible que obre prodigio alguno sin agitación del
ánimo ni alteración profunda de la respiración. Y ahí
queda, como demostración histórica, la insólita y
gloriosa hazaña del legendario joven de Archidona que
dio que hablar en octubre de 1971, al cumplimentar en el
cine a varios espectadores de las filas traseras después
de que a su novia le diera por alterarle al resplandor de
una película musical, cuyos compases debió marcarle en
la butaca, consiguiendo que el mozo le echara a perder el
traje a un industrial y estropeara el peinado a una
señora, a la que hubo que lavarle la cabeza a fondo en
la peluquería. Luego resultó dejando aparte esto
de Archidona que, al dar ya con la página de la
noticia, el titular cambiaba levemente: "La mitad de
los alumnos de la Universidad de Alicante sufre
alteraciones en el semen", y que en realidad se
trataba de una investigación del departamento de
Biotecnología que detecta falta de calidad, en la que
tal vez influyen los hábitos alimenticios, el alcohol,
el tabaco y hasta las ropas ajustadas. 
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