Millás columnista

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

4 octubre 2001

Si tuviera que anotar mis impresiones sobre los artículos de Juan José Millás me limitaría a consignar una cosa: que los leo con gusto. Sé que esto es demasiado escueto, pero no creo que se pueda decir nada mejor de un columnista. Me basta con sospechar además que Millás, procedente de la novela, disfruta escribiendo artículos, a juzgar por sus declaraciones recientes a Ángeles Cáceres: "Hay gente que habla del periodismo como de un trabajo meramente alimentario, pero para mí es una necesidad existencial".

Dos cosas me llaman la atención sobre este género periodístico. Una se la leí al periodista e historiador británico Paul Johnson, que certificaba poco más o menos que escribir una columna regular sobre cualquier cuestión es uno de los grandes privilegios de la vida. La otra es de Manuel Azaña, activo articulista antes de pasarse a la política pura y dura. Decía Azaña —me temo que con sobrada razón— que no hay mejor cosa para no tener influencia que escribir un libro o un artículo.

Las dos frases dan la medida exacta, a mi juicio, del columnista honesto, que no es otro que el que se sabe privilegiado pero conserva, en cambio, el escepticismo cuerdo que le permite darse cuenta de que son más, muchos más, muchísimos más, los que no le van a leer que los que sí. Por eso en tiempos como éstos, repletos de columnistas instalados en la autocomplacencia de sentirse influyentes, suele ser de alivio encontrarse con unas líneas de Millás, donde la mirada escéptica e irónica de la vida es más insinuante que la opinión pontifical del sabelotodo de turno. "Uno no tiene nada contra la opinión, excepto que donde florece demasiado no deja lugar al pensamiento", dejó escrito en una de sus columnas recogidas en el libro "Cuerpo y prótesis".