Claves de una cita diplomática

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

25 agosto 2001

Todo lo que se sabe sobre el Tratado de Almizra procede del propio documento, cuya trascripción no se publicó hasta 1905, y del "Llibre dels feits", dictado por Jaime I el Conquistador. El hecho de que el único testimonio se deba a uno de sus protagonistas —del otro, el infante castellano don Alfonso, futuro rey Alfonso X el Sabio, no se conoce su versión— plantea algunos problemas, dada la desconfianza que producen entre historiadores las narraciones personales y subjetivas. En el "Llibre dels feits", Jaime I se autopresenta como negociador enérgico e intransigente con los emisarios castellanos, en quienes el infante delegaba. Xátiva, cuya conquista correspondía por tratados anteriores a la Corona de Aragón pero que había entrado a través de su alcaide sarraceno en negociaciones con los castellanos, fue el centro de la discrepancia. La conclusión, tras leer el relato de Jaime I, es la de que éste salió fortalecido al no ceder en sus aspiraciones, ni siquiera cuando le reclamaron la plaza como dote de su hija al futuro matrimonio con el infante Alfonso.

Lo cierto es que los castellanos mantuvieron su reclamación de Xátiva hasta el límite; es decir, hasta el momento en que Jaime I optó por zanjar la discusión sin acuerdo. Sólo entonces replegaron velas rápidamente, lo que induce a sospechar que para Castilla no era Xátiva el punto innegociable y que su interés estaba más en clarificar la frontera al sur del Júcar, salida que cortaba la irresistible expansión de la Corona de Aragón hacia el sur de la península. A pesar de que en 1179 ambas coronas se habían distribuido sus áreas de conquista, los castellanos provocaron la tensa situación con sus contactos clandestinos sobre Xátiva y sus intentos de ocupar plazas que tocaban a los de Jaime I.

Las consecuencias del acuerdo hablan por sí solas. Con la frontera pactada —que desde Almizra corría por Biar, Castalla, Xixona y Busot—, Castilla aseguraba su salida al mar a través del Reino de Murcia y cerraba el avance de un posible competidor, militarmente respetable, en la futura conquista del sur peninsular. A la Corona de Aragón, en cambio, la solución le frenaba. Sin posibilidad de extenderse hacia el oeste, donde lindaba con Navarra y Castilla, Almizra fijaba su tope al sur, con lo que cualquier posibilidad futura de expansión pasaba por buscárselas en el Mediterráneo o vulnerar los pactos. Esa es la razón por la que Joan Fuster calificaba al Tratado de Almizra de "hipoteca intolerable sobre el futuro de la Corona". Vistos los resultados, habría que preguntarse si Xátiva, en cuya defensa puso todo su ardor Jaime I, fue durante aquellos días de marzo de 1244 una verdadera obsesión para los castellanos o la argucia encubridora de otras intenciones.