Montanelli, el intérprete venerable

JOSÉ FERRÁNDIZ LOZANO [www.joseferrandiz.com]

24 julio 2001

En el último artículo que se le ha leído en España, Indro Montanelli reflexionaba sobre qué es ser periodista hoy. Sostenía que, desde luego, no es lo que hace cincuenta años. "Entonces era el vehículo de las noticias. Hoy, diría yo, es sobre todo un intérprete de las noticias". Cuesta discrepar con alguien que es maestro de periodistas, pero hace cincuenta años, e incluso antes, esta dualidad de comunicar noticias e interpretarlas ya existía. Lo que ocurre es que quizá, en las últimas décadas, se ha potenciado la figura del periodista pontífice que comparece en columnas y tertulias mediáticas, cruzando opiniones de urgencia con colegas y políticos retirados, y sustituyendo todos al intelectual de antaño.

Ante el riesgo de que, por necesidades de audiencia, se imponga el modelo volteriano —según Voltaire, un periodista escribe de todo sin saber de nada, esperando que algo de lo que dice sea cierto—, el caso de Montanelli, ese anciano venerable cuya fama superó las fronteras italianas, debe tomarse como referente contrario. Su trayectoria no renunció al rigor ni a la independencia. Así lo ha hecho hasta el final, con sus columnas diarias en "Il Corriere della Sera", en el que escribió desde 1939 a 1972 y al que regresó veintiún años después, y así lo hizo en sus inicios. Un ejemplo remoto es su misión como corresponsal de "Il Messaggero" en la guerra civil española, cuyas crónicas eludían cualquier tono de heroísmo gratuito sobre las tropas italianas que ayudaban a Franco. Él mismo reconoció que contar a los lectores de la Italia fascista que sus paisanos llegaron tarde a Santander, cuando la ciudad estaba tomada ya por los nacionales, y narrar que su entrada no fue más que un paseo donde el enemigo a vencer era el calor, le costó la expulsión del diario.